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Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

Ahora que el tenis vive un momento de descrédito tras destaparse la trama de amaño de partidos en los últimos años es bueno recordar a los jugadores que han hecho mítico un deporte pervertido por algunas ovejas negras por el individualismo y la codicia sin límites.

Andre Agassi fue un tenista icónico, por muchas razones. Además de sus éxitos deportivos, con ocho títulos de Grand Slam, un oro olímpico, 17 Masters Series y dos Copas Davis, su estilo encandilaba a los aficionados. También su personalidad. Pero hay muchas cosas de Agassi que no conocíamos hasta que se han publicado sus memorias bajo el título de “Open”. Por ejemplo, que odiaba el tenis. Por encima de todas las cosas. Desde su más tierna infancia.

Agassi, con 7 años, restaba miles de pelotas al día en su propia casa.
Agassi, con 7 años, restaba miles de pelotas al día en su propia casa.

Como bien indica el título en inglés, además de la alusión tenística, es transparente y abre episodios desconocidos. Agassi confiesa todo aquello que no contó durante su carrera e incluso aquello que no conocía casi nadie en su entorno. El libro es hipnótico, droga dura para ávidos lectores, porque te atrapa desde el principio y te sumerge en una vida, la de un deportista de élite, para muchos atractiva y envidiable, pero que también encierra mucho sufrimiento. Como el propio ex tenista afirma: “Es un remolino doloroso, emocionante, espantoso, asombroso”.

Y es que, lejos de ser libre para poder decidir a qué dedicarse, qué ser de mayor, a Agassi su destino le fue impuesto por su padre, Mike Aghassian, un ex boxeador olímpico iraní obsesionado con el tenis. Tanto que no descansó hasta encontrar una casa en medio del desierto, cerca de los casinos de Las Vegas donde trabajaba, en la que pudiera construir una pista para entrenar él mismo a sus hijos y modelar futuros campeones. Tanto que al pequeño Andre le regaló su primera raqueta con sólo dos años.

Pero la voluntad del patriarca de la familia, obsesivo, tiránico, pendenciero, se encontró con dificultades ya que sus tres primeros hijos, Rita, Philly y Tami, no reunían el talento y, sobre todo, el carácter necesario no para poder ganarse la vida con el tenis, sino para ser un número uno, la meta que Mike se había marcado.

El padre de Andre Agassi estaba obsesionado con que su hijo fuera número uno del tenis.
El padre de Andre Agassi estaba obsesionado con que su hijo fuera número uno del tenis.

Para ello no solo construye la pista en su casa sino que modifica una máquina lanzapelotas, un dragón que envía bolas a una velocidad endiablada, “como si las lanzara un avión desde el aire” para que el pequeño Andre, con siete años, responda a bote pronto y adquiera unos reflejos que, años después, le convertirían en uno de los mejores restadores de la historia del tenis. Para ello también elevaba la red porque, por encima de todo, detestaba que su hijo enviara las bolas contra ella.

Mientras, el pequeño Andre comienza a competir, a comprobar como otros jugadores hacen trampas para ganarle y va endureciendo su carácter. También aprende de su padre a dar sablazos a ricachones ganándoles en su club de tenis en partidos en los que hay cientos de dólares de por medio que el entonces mocoso ganaba para sostener a su familia. Y es que los Agassi no nadaba en abundancia porque su madre era una humilde funcionaria y el padre vivía de las propinas en sus trabajos en los casinos. Eso si, pese a las imposiciones, Agassi también consigue dulces victorias personales, como ganar a su progenitor con solo diez años.

La persistencia de su padre permitió a Agassi conocer de niño a su ídolo Björn Borg.
La persistencia de su padre permitió a Agassi conocer de niño a su ídolo Björn Borg.

El carácter obsesivo del padre, también encordador de raquetas, le hacía perseguir a los grandes tenistas de visita en Las Vegas para que pelotearan con su hijo y así, desde los ocho años, tiene la posibilidad de jugar con Jimmy Connors o Björn Borg, su ídolo. Pero ni siquiera esto hace que comience a amar el tenis. Tan sólo ve imposible llevar la contraria a su padre y se resigna a aceptar su destino, ser jugador profesional.

Pero la relación con su padre se tensa en su adolescencia y con quince años es enviado a la academia en Florida de Nick Bolletieri, un empresario que aspira a enriquecerse descubriendo y formando a las futuras estrellas del tenis estadounidense y contra cuya disciplina espartana se enfrentará Agassi cuyo talento enseguida detectó Bolletieri. Lo mismo le ocurrirá con la academia donde chocará con los profesores para desmotivarse totalmente con los estudios. Todo esto hace que se haga un rebelde, que beba, fume marihuana o se ponga una cresta de mohicano.

Andre Agassi chocó con la disciplina espartana de la academia de Nick Bolletieri.
Andre Agassi chocó con la disciplina espartana de la academia de Nick Bolletieri.

Pese al sufrimiento en Florida, Agassi continúa destacando como promesa para convertirse en jugador profesional a los 17 años mientras poco a poco comienza a crear su propia imagen de tenista rompedor que viste pantalones de tenis vaqueros, descartados de su mismo patrocinador por John Mc Enroe, y que serán su primera seña de identidad junto a su melena con mechas.

Además Agassi va formando su equipo, pero no un séquito al uso, sino el compuesto por su entrenador Nick, a su pesar, su hermano y asistente Philly, su novia Wendi, su amigo y consejero Perry, el párroco y consejero espiritual J.P. y Gil Reyes, preparador físico en la Universidad de Las Vegas y que, poco a poco, se convertirá en mucho más que eso, será su guardaespaldas, su confidente y prácticamente la figura paterna que Agassi siempre echó en falta.

El preparador físico Gil Reyes se convirtió en el segundo padre de Agassi.
El preparador físico Gil Reyes se convirtió en el segundo padre de Agassi.

Poco a poco y, pese a los altibajos, los éxitos comienzan a llegar con su primer torneo del circuito profesional a los 17 años  en Brasil aunque, cuanto más avanza en algunos torneo, más dura es la derrota, como la primera en una final de Grand Slam en 1990 ante el ecuatoriano Andrés Gómez, en gran parte por el disgusto que le produce que se le caiga en las horas previas el postizo de su melena. Y es que Agassi comenzó a quedarse calvo muy pronto, algo que le generaba mucha inseguridad. Pese a ello, Agassi fue el jugador más joven en superar la marca de un millón de dólares en premios, en diciembre de 1988, tras sólo 43 torneos

En esta primera etapa como profesional sufre derrotas crueles ante jugadores míticos como Ivan Lendl, Becker, Mc Enroe o Connors y también pierde con dos coetáneos a los que erróneamente no auguraba un gran futuro, Michael Chang y Pete Sampras, y en ocasiones piensa abandonar el tenis. Más aún tras perder la final del Open de EEUU, otra final de Roland Garros ante Jim Courier, más dolorosa si cabe al haber sido su compañero en la academia de Bolletieri y a quien siempre había ganado. Y tras tantos sinsabores, Agassi finalmente hace el torneo de su vida en 1992 en Wimbledon derrotando a Ivanisevic en una épica final. Ese mismo año Steffi Graf, de la que Agassi estaba enamorado secretamente, vence en categoría femenina aunque el baile de los ganadores se cancela y apenas puede conocerla, una asignatura pendiente que marcará sus años posteriores

El primer gran éxito de Agassi fue el triunfo en Wimbledon en 1992.
El primer gran éxito de Agassi fue el triunfo en Wimbledon en 1992.

Pero, tras su triunfo más dulce, conoce varias duras realidades. Una, común en los tenistas, que las victorias no le hacen sentir tan bien como tan mal le afectan las derrotas y que las buenas sensaciones no duran tanto como las malas. También experimenta el peso de la fama. Tras ganar Wimbledon es cuando realmente comienza a sufrirla, como el impuesto que deben pagar las estrellas del deporte, quince segundos por cada fan. Pero a Agassi lo que le molesta realmente es perder la intimidad con su novia Wendi que poco después le abandonará. Mientras, las marcas se lo disputan por su imagen iconoclasta y comienza a tratar a estrellas de la música y de Hollywood, la mayoría de las cuales le resultan prosaicas, confundidas e inseguras. Y también descubre que, como él, muchos no soportan lo que hacen .

En lo deportivo, la rivalidad con Sampras fue parte fundamental de la carrera de Agassi.
En lo deportivo, la rivalidad con Sampras fue parte fundamental de la carrera de Agassi.

A lo largo del resto del libro seguiremos viajando en una montaña rusa personal y profesional que encadena éxitos y fracasos, deportivos y sentimentales. En las pistas, a través de los episodios con su rivalidad con Pete Sampras, alguien totalmente opuesto a él y para quien la vida se centraba sólo en el juego. En lo sentimental, su mediática relación con la actriz Brooke Shields terminó en divorcio y en depresión  en 1999 después de poco más de un año de casarse y de recurrir a la metanfetamina para evadirse en sus momentos más oscuros. Poco después volvería su renacimiento tenístico, acompañado de su madurez y de una mayor compromiso con su familia, su equipo y con la fundación de su institución educativa. Paralelamente comienza su relación con Steffi Graf a la que define como “la persona más importante de su vida” y con la que se casó en 2001. Desde entonces Agassi encontró la estabilidad en su vida con la posterior llegada de sus dos hijos, una etapa que también cubren sus memorias, más concretamente hasta su retirada en 2006.

Con Steffi Graf Agassi por fin encontró la estabilidad en su tormentosa vida.
Con Steffi Graf Agassi por fin encontró la estabilidad en su tormentosa vida.

Open es un libro adictivo que nos invita a revivir no lo que ya todos conocíamos sobre Agassi, sus éxitos deportivos o sus romances, sino lo que no conocíamos, lo que pasaba por su cabeza, algo en ocasiones cercano al infierno y que, de no haber sido tan compleja, probablemente estaríamos hablando del tenista con más títulos de la historia. Pero es que para Agassi había cosas mucho más importantes que el tenis. Por eso sus memorias son totalmente recomendables también para quienes no sepan nada sobre este deporte ya que nos descubren una personalidad cautivadora mucho más allá del tenis.

A ello también contribuye su calidad literaria ya que Open está escrito por el premio Pulitzer J. R. Moehringer, quien convivió largas temporadas con él y se negó a firmarlo porque considera al propio Agassi como el verdadero autor. La obra ha vendido más de tres millones de ejemplares ya en todo el mundo y no pretende precisamente llevar a Agassi a los altares del tenis sino que es más bien una forma de expiación de los demonios de un deportista que se muestra totalmente sincero, con sus filias, sus fobias y sus continuas caídas a los infiernos  y ascenso a los cielos. Un viaje apasionante, una biografía hipnótica.

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