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Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

El 14 de Noviembre Brasil jugó su partido número mil, un amistoso contra la pujante Colombia de Falcao en Estados Unidos. La cifra redonda ofrece una gran ocasión para revisar la exitosa trayectoria de la Canarinha. La mayor fábrica de talentos del fútbol tiene una historia resplandeciente aunque también con alguna sombra porque, ya se sabe, en el deporte no se puede ganar siempre.

1950, la Copa que no fue. El Maracanazo de Uruguay.

La selección brasileña de fútbol es la mejor embajadora de su país y posee un envidiable palmarés. En su continente ha conseguido ocho Copas de América aunque Uruguay y Argentina la superan. Pero en donde ningún otro país la supera es en los mundiales conquistados. Cinco copas han bailado la samba hasta ahora aunque la primera tardó en llegar. Sobre todo por lo ocurrido un 16 de julio de 1950 en la final del mundial de Brasil, en Río de Janeiro.

Más de 170 mil personas aguardaban el triunfo de la verdeamarelha en el estadio de Maracaná y los principales diarios tenían ya sus portadas impresas celebrando el triunfo. Hasta las carrozas estaban preparadas para el carnaval que preparaba la ciudad carioca y el estado había acuñado monedas conmemorativas. Pero de repente, la sorpresa, el mayor chasco de la historia del fútbol, el Maracanazo. Contra todo pronóstico, Alcides Edgardo Ghiggia marcaba el 1-2 para Uruguay a diez minutos del final. Brasil entero lloraba la derrota. Desde entonces nunca más volvió a vestir de blanco por superstición.

1958, Pelé guía a Brasil a su primer mundial

El primer éxito mundialista vio así aplazada su celebración hasta ocho años más tarde, en el mundial de Suecia. Tan solo Inglaterra consiguió empatar en el torneo con un Brasil imperial en el que brillaban Didí, Garrincha, Vavá y un jovencito de 17 años que se convirtió en la revelación y el máximo goleador del torneo. Su nombre, Edson Arantes do Nascimento, su apodo, Pelé. En esta ocasión fue Brasil el que arruinó la fiesta local ya que venció 5-2 a Suecia en Estocolmo. La gloria por fin le sonreía.

1970, la Canarinha conquista el tricampeonato 

Tras el primer triunfo mundialista, Brasil repetiría título cuatro años más tarde en el mundial de Chile en 1962 apoyándose en las mismas figuras. Pero no ocurriría lo mismo en Inglaterra 1966 donde fue la decepción del torneo al quedar eliminada en la primera fase. La presión y las disputas internas desgarraron a la Seleçao en terreno inglés pero el tricampeonato no tardó en llegar. En 1970 Brasil acudió al mundial de México con uno de los mejores equipos de la historia, incluído un Pelé que, tras la decepción del mundial inglés, había anunciado que no volvería a ser internacional. En esta ocasión le acompañaron Gérson, Rivelino, Tostao y Jairzinho y la final se disputó en uno de los santuarios del fútbol mundial,  el estadio Azteca. Más de cien mil espectadores asistieron a la exhibición frente a Italia a la que derrotaron por 4-1.

1994, Brasil recupera la hegemonía del fútbol mundial

Tras convertirse en el primer equipo en ganar tres veces el torneo, Brasil se adjudicó la Copa Jules Rimet en propiedad pero fue robada durante su exhibición en la Confederación Brasileña de Fútbol. El trofeo nunca fue recuperado y fue sustituido por una réplica. Quizá pudo ser la causa del maleficio en el que entró la Canarinha en los mundiales ya que una generación entera de brasileños, incluídos genios como Sócrates o Zico, no conoció lo que significaba ganar una Copa del mundo.

La selección brasileña dedicó su cuarto mundial al desaparecido Ayrton Senna.

Sería de nuevo en territorio americano, en 1994, durante el mundial de Estados Unidos. Carlos Alberto Parreira decidió cambiar el estilo de la Seleçao y dotar de músculo al centro del campo con Mauro Silva, Mazinho y Dunga. El estilo más conservador se completaba en la delantera con dos auténticos puñales, Bebeto y el Baixinho Romário. Como curiosidad, la final contra Italia se convirtió en la primera de un mundial decidida desde los once metros. Los fallos de Massaro, Baresi y Roberto Baggio permitieron que la verdeamarelha se coronara por cuarta vez tras una larga espera.

Tras reconquistar el trono futbolístico, Brasil siguió destacando aunque en la final de 1998 sucumbió por 3-0 en Paris ante la Francia del majestuoso Zinedine Zidane. El disgusto sólo le duró cuatro años, hasta el siguiente mundial, en Corea y Japón. Brasil venció en la final a Alemania para convertirse en pentacampeona. El autor de los dos goles fue Ronaldo Nazario, que había sufrido una crisis cardiaca antes de la final anterior y pudo así tener revancha. Desde entonces, y con la excepción del triunfo en la Copa América de 2004 y 2007, Brasil ha tenido varias decepciones. Primero en el mundial de 2006, de nuevo ante Francia, esta vez en cuartos de final. La misma ronda en la que fue eliminada sorprendentemente en el de Sudáfrica por Holanda. El último revés, en la final de los Juegos Olímpicos de Londres, un torneo que se le ha resistido siempre (tres veces plata y dos bronce) y donde México la derrotó por 2-1.

Brasil 2014, España como principal rival

Brasil se enfrenta ahora a dos desafíos que le ofrecen la oportunidad de recuperar la hegemonía del deporte rey y en los que contará con la ventaja de jugar como local. El aperitivo será en el verano de 2013 en la Copa Confederaciones. Pero el verdadero caballo de batalla de Brasil será el año siguiente, en 2014. El mundial vuelve a Brasil por primera vez desde el famoso maracanazo de 1950 y el país se volcará en organizar una gran fiesta deportiva aunque esta vez quieren que tenga un final feliz.

¿Recuperará Brasil el trono del fútbol o se producirá un nuevo maracanazo? El reto de Brasil en 2014 es doble, vencer en casa y destronar a España, la mejor selección de los últimos años, sin olvidar a otros aspirantes como la joven y temible Alemania o la esperada Argentina de Messi. Contra su vecino disputó su primer partido en 1914. La Copa del mundo tendrá lugar justo cien años después pero, por ahora, Brasil es milenaria y está de fiesta así que muitos parabéns.

Fútbol y motes, una historia de amor

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