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Por LUIS MURILLO ARIAS (@lmurilloarias)

¿Es un dios o es un gato? En realidad tenía siete vidas y sólo ha gastado dos. De ahí las dos resurrecciones que Rafa Nadal ha tenido en el circuito ATP de tenis tras sus lesiones de rodilla. Ha vuelto a ganar su torneo fetiche, Roland Garros, por octava vez en su carrera. Una marca sólo al alcance de los no mortales. Nadie podía imaginar hace siete meses, cuando algunos ya daban por muerto deportivamente al manacorí, que iba a volver al tenis realizando una de sus mejores temporadas hasta el momento sobre tierra batida. Nadal es un grande, pero no sólo dentro de las pistas, sino también fuera de ellas, como ejemplo, como referente. Es un adalid del diálogo. Humilde, sencillo, con declaraciones cabales, prudentes y certeras. Y no es que no diga lo que tiene que decir. Cuando cree que algo es injusto, se moja, no se esconde. Por ejemplo, en lo referente al dopaje y el pasaporte biológico. Está a favor de mantener el deporte limpio, de desmentir a los que dudan de su honorabilidad. Opina de fútbol, de las injusticias sociales, de la crisis. Y nunca o casi nunca ha generado antipatías. Discreto en su vida privada, es un ejemplo de sacrificio, de tesón, de autoexigencia.

Gasol visitó a sus amigos Nadal y Ferrer en Roland Garrós. Tres referentes del mundo del deporte en todos los sentidos.

Imaginemos a Guti, por ejemplo. ¿Si él hubiera sufrido las lesiones que ha sufrido Nadal, con el nivel de exigencia que tiene el circuito ATP, habría vuelto a competir o se habría exiliado en Ibiza a pasear su esqueleto por las discotecas de moda? La mayoría, sin duda, pensaréis que lo segundo. Pero Nadal no, porque se debe a sus seguidores y, sobre todo, se debe a sí mismo. Ha demostrado ser competitivo. Este nivel de compromiso, unido a su imagen pública, nos hace considerarlo un icono referente para la sociedad, para los niños, para los que van a representar el futuro de España. En ese cupo de deportistas conscientes de la sociedad en la que viven estaría el propio David Ferrer, a quien Nadal derrotó en la final de Roland Garrós. El alicantino declaró: “Esto es sólo un deporte. Hay cosas más importantes”.

Escasos de referentes en los dirigentes de nuestra sociedad

Y eso, hoy en día, es un bien escaso. En un país en el que la moral ha caído en desdicha, donde la imagen de nuestros políticos es el “yo lo pillo, yo me lo quedo” y la opinión popular es que los más ricos defraudan a Hacienda, lo que se traduce en un robo a todos los españoles, necesitamos modelos a seguir. En estas circunstancias, con la cultura sin el apoyo del estado, los dirigentes viviendo en su burbuja política ajenos a la sociedad, el deporte se convierte para algunos en necesidad para evadirse y, para otros, en posibilidad de evolucionar como personas. Hablamos de la práctica y de su filosofía, no del negocio. El deporte bien entendido, no como estrategia para pegar el pelotazo. No como una alternativa a convertise en carne de reality show, que es lo que los jóvenes de hoy en día quieren ser si no llegan a ser futbolistas. Lo que deben transmitir nuestros deportistas, en realidad, es la cultura del esfuerzo, de la superación, del levantarse cada día con idea de mejorar, no sólo como deportistas, sino también como profesionales, sea cual sea nuestro oficio, como personas y como ciudadanos.

Ejemplos a no seguir dentro del deporte

En este sentido, poco ayuda que Karim Benzema sea cazado a 260 kilómetros por hora por la M40 de Madrid, ni que Lance Armstrong reconozca que durante más de veinte años haya estado engañando a la sociedad, a los aficionados al ciclismo y a sí mismo haciendo trampas y promoviendo el dopaje. Tampoco que Cristiano Ronaldo se encare con unos policías de tráfico por no dejarle hacer un giro indebido cerca de la Castellana o que Rubén Castro, excelso delantero del Betis, sea imputado por malos tratos y agresión sexual a su ex novia. Mucho menos que una persona que representa a los españoles en el Senado, Marta Domínguez, pueda ser expedientada por dopaje por la Federación Internacional de Atletismo o que un futbolista de élite, como Fabio Coentrao, se deje ver fumando o bebiendo. O los casos de deportistas que de vez en cuando son noticia por presentar tasas de alcoholemia altas mientras conducían. Si éstos fueran los referentes y lo malo es que lo son para muchos, nuestros jóvenes serían borrachos, fumadores, drogadictos, tramposos, violadores, maltratadores, engreídos y prepotentes.

Entrevista en la que Armstrong le confesó a Oprah que se había dopado sistemáticamente.
Entrevista en la que Armstrong le confesó a Oprah que se había dopado sistemáticamente.

En los que sí que nos debemos fijar

Así que vayamos a los ejemplos buenos, aquellos que en nuestro país nos deben servir como modelos a seguir o a imitar, que nos hacen plantearnos cómo trabajarnos nuestro futuro y cómo relacionarnos con los demás. Es decir, la cultura del esfuerzo, del diálogo, de la deportividad, de la formación. Vivimos la era dorada de la selección española de fútbol y dentro de ésta, queremos destacar a cinco nombres. El primero es de cajón, el propio seleccionador nacional, Vicente del Bosque, que con cada declaración transmite tranquilidad, coherencia, honradez y sentido común. Él mismo se ha ofrecido a pagar más impuestos, como persona que cobra más de 100.000 euros al año, en una entrevista concedida al programa de televisión ‘Salvados’ de Jordi Évole. Gracias a Del Bosque, probablemente reinó la concordia en la selección española tras los piques entre Madrid y Barcelona provocacos por la disputa de varios clásicos seguidos.

Pero no sólo fue él el artífice de esa reconciliación, sino que lo fueron también los dos capitanes de la selección: Iker Casillas y Xavi Hernández. El primero llamó al segundo para confraternizar, gesto que le enemistó para siempre con José Mourinho, ejemplo a no seguir, por supuesto. Por otro lado, quizá esa reconciliación sirvió para que a Casillas y Xavi les fuese concedido el premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Por otro lado, no queremos olvidar a Iniesta, querido en todas partes y no sólo por su gol en la final del Mundial, ni a Xabi Alonso, ejemplo de futbolista bien formado, que no descuidó sus estudios y que dedica parte de su tiempo a cultivarse intelectualmente aparte de desplegar en cada aparición pública elegancia en sus declaraciones. Todos ellos, por otro lado, apoyan causas solidarias y, además, han creado campus de formación de futuros futbolistas. No extendemos a toda la selección el calificativo de modelo, puesto que no todos son iguales y, por otro lado, siempre quedará en el recuerdo que se les pidió que donasen las primas por ganar la Eurocopa y, al menos, en el ámbito público, eso no se produjo.

Xavi, Casillas y Del Bosque en la entrega de los premios Príncipe de Asturias.

Otra de las selecciones que ha cosechado éxitos en los últimos años es la de baloncesto. Siempre se ensalzó la figura de nuestros jugadores de baloncesto frente a los de fútbol, alabando su cercanía, su sencillez, su manera de hablar, su interés por algo más que no fueran los Ferrari, las marcas de ropa, las discotecas o las modelos. De entre todos, destacan Pau Gasol y José Manuel Calderón, los primeros de esta hornada que viajaron, muy jóvenes, para jugar en la NBA, y que siempre han mantenido los pies en el suelo, no olvidándose de dónde vienen ni lo privilegiados que son por dedicarse a lo que más les gusta. Y podríamos seguir porque seguramente en otros deportes, nuestros representantes, podrían merecérselo pero, por diferentes motivos, no hemos querido incluir aquí algunos por los que seguramente os preguntáis, como Alberto Contador, Fernando Alonso, Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa o Sergio García.

Como conclusión, queremos remarcar que seguir el ejemplo de los deportistas modelo no significa tratar de conseguir convertirnos en deportistas de élite y ganar sueldos millonarios, sino emular su sencillez, su manera de relacionarse con sus rivales, su cultura del esfuerzo, su afán de superación, su humildad para afrontar la competición y su respeto por el resto de las personas, sea cual sea nuestra actividad en la vida. Si nuestros políticos, nuestros banqueros, nuestros empresarios y nuestros presentadores de televisión siguieran ese ejemplo, mejor nos iría a todos.

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