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Por Verónica Fernández Ramos 

El deporte femenino español ha alcanzado en los últimos años cotas que han llegado a igualar e incluso a superar a las conseguidas por los hombres. Sin embargo, para llegar hasta aquí, las mujeres han tenido que luchar por la igualdad de condiciones en un camino largo, con etapas complicadas y con un difícil acceso a la alta competición hasta no hace tanto tiempo, un hecho visualizado en la escasez tanto de participación como de buenos resultados hasta casi finales del siglo XX. Los Juegos Olímpicos, como el mayor evento deportivo a nivel mundial, son el mejor exponente para analizar la evolución de la mujer española en el deporte, desde que en 1924 Lilí Álvarez fuera la primera mujer en representar a España, pasando por la primera medalla de oro conseguida por Miriam Blasco en Barcelona 92 hasta la revolución definitiva con el liderazgo del deporte femenino en los Juegos de Londres 2012.

Las pioneras del deporte femenino en España

Esta ausencia en el primer escalón deportivo se debe principalmente a que, durante mucho tiempo, el deporte femenino en España fue prácticamente inexistente o vivía en un segundo plano a la sombra del masculino. Quienes participaban de la vida deportiva eran unas afortunadas, mujeres como Lilí Álvarez, Pepita Cuevas, Mari Paz Corominas o Carmen Valero, excepciones que se codeaban con la élite de sus deportes sin tener prácticamente apoyo.

La tenista Lilí Álvarez fue la primera deportista olímpica española en París 1924.

En España, en los inicios del deporte tal y como lo conocemos hoy, la práctica estaba claramente ligada a los hombres mientras la mujer se dedicaba a las tareas familiares, aunque las que pertenecían a la burguesía y aristocracia, por su estatus privilegiado, sí que participaban en algunos deportes. En ese contexto social, los deportes no podían poner en duda su feminidad por lo que el tenis o el golf eran los más practicados, a la vez que se entendía que la práctica deportiva era buena para la salud.

Pero, como ocurrió en todos los ámbitos sociales, el desarrollo del deporte femenino fue muy lento, pese a que los acontecimientos históricos y políticos cambiaban el rumbo de la mujer deportista. Todo se vio truncado con el estallido de la Guerra Civil, volviendo a prohibir el deporte femenino durante lustros, pues hasta los años 60 no se vuelven a enviar mujeres al mayor evento deportivo planetario, los Juegos Olímpicos.

Para encontrarnos con la primera participación de una mujer representando a España en los Juegos Olímpicos, nos tenemos que remontar a los de París en 1924. Tras varios intentos fallidos de incluir en la delegación española a una mujer, Lili Álvarez se convirtió en la primera deportista olímpica española en disputar la competición. En el caso de los Juegos Olímpicos de invierno no fue hasta Garmisch-Partenkirchen en 1936 cuando las mujeres españolas debutaron. Margot Moles y Ernestina Baenza fueron las dos mujeres que tuvieron ese honor.

Después de esas dos participaciones, el deporte femenino nacional estuvo más de treinta años sin competir olímpicamente, hasta 1960, en los Juegos de Invierno de Squaw Valley y en los de Verano en Roma. La esquiadora Marian Navarro, en Squaw Valley y una delegación de once mujeres en Roma fueron las encargadas de devolver la participación femenina a la competición más universal. Si bien en los Juegos de invierno no se tuvo continuidad, en los de verano, desde Roma 1960, el equipo olímpico español siempre ha contado con mujeres.

La delegación olímpica femenina en Roma 1960 fue pionera en el deporte español (Foto: COE).
El despegue del deporte femenino en Barcelona 92

A lo largo de la historia olímpica, España ha estado representada por 593 deportistas diferentes. En los Juegos Olímpicos de verano han participado 559 mujeres mientras que en los de invierno, con menos pruebas, han sido 34 las representantes. Pese a que el aumento de la participación femenina comenzó en los Juegos de Seúl de 1988, no fue hasta los primeros Juegos celebrados en España cuando se produjo el punto de inflexión que, desde entonces, ha seguido creciendo hasta la situación actual. Si hablamos de resultados, las primeras medallas conseguidas por mujeres llegaron con Barcelona 92 pero antes hubo algunas mujeres pioneras que rompieron las barreras existentes en esa época para acceder al deporte profesional, algo con mucho mérito viendo la escasez de ayudas existentes.

El verdadero comienzo de la aparición de estrellas en el deporte femenino español llegó con la concesión de los Juegos Olímpicos a Barcelona y la puesta en marcha del Plan ADO (Ayuda al Deporte Olímpico). Los Juegos de Barcelona supusieron el despegue definitivo del deporte femenino, tanto en representantes como en resultados, y los éxitos a nivel internacional no han cesado desde entonces, haciéndose aún más evidentes en los primeros años del siglo XXI.

En la ciudad condal se triplicó el número de deportistas femeninas y se consiguieron las primeras medallas, aunque fue Blanca Fernández Ochoa quien inauguró el medallero femenino español con un bronce en los Juegos de Invierno de Albertville unos meses antes. La primera medalla en unos Juegos de Verano llegó de la mano de Miriam Blasco en judo y Barcelona trajo también consigo cuatro oros, tres medallas de plata y un bronce, unos éxitos que marcaron el camino a seguir en el deporte, no sólo el femenino sino también en el masculino. Durante las siguientes ediciones, las deportistas españolas siguieron subiendo al podio, aunque con menos frecuencia que en Barcelona.

Veinte años después de Barcelona 1992, en los Juegos de Londres 2012, el deporte femenino español tuvo un segundo punto de inflexión llegando a alcanzar resultados nunca logrados antes. No sólo se consiguieron más medallas por parte de las mujeres que en otras ediciones, sino que fue la primera vez que la delegación femenina obtenía más metales que la masculina, el 65% de las preseas, una tendencia que se ha confirmado en Rio 2016 donde las mujeres consiguieron 9 medallas por 8 de los hombres.

La participación olímpica de las mujeres españolas

A lo largo de la historia, el deporte femenino español ha competido en la mayoría de especialidades de los Juegos de Verano. De las 38 disciplinas existentes se ha participado en más del 80%. Tan solo boxeo, BMX, fútbol, gimnasia de trampolín, hípica de eventos y de saltos y pentatlón moderno aún no han contado con representación de mujeres españolas. La natación es el deporte que más veces ha contado con presencia de deportistas, seguido por la gimnasia artística y el atletismo. Mientras, en la competición invernal, de las quince disciplinas olímpicas existentes, España tan sólo ha participado en seis (Biatlón, Esquí alpino, Esquí de fondo, Freestyle, Patinaje artístico y Snowboard).

En cuando a las deportistas, cuatro mujeres han tenido la oportunidad de representar a España en cinco Juegos Olímpicos: María Pilar Fernández en tiro olímpico, María Peláez en natación, Arantxa Sánchez Vicario en tenis y la marchadora María Vasco en atletismo. En los Juegos de Invierno, la granadina María José Rienda es la deportista con más participaciones con otras cinco. Además, ocho mujeres han tenido oportunidad de ser abanderadas en las ceremonias de apertura hasta ahora si bien es curioso que la cita invernal triplique en número de abanderadas a la veraniega. La esquiadora Blanca Fernández Ochoa fue la primera en Sarajevo en 1984, y repitió en Albertville 1992. Dos veces también fue la esquiadora Ainhoa Ibarra, en Calgary 1988 y en Lillehammer 1994. Otra esquiadora, María José Rienda portó la bandera en 2006 y la snowboarder Queralt Castellet lo hizo en Vancouver en 2010. En los Juegos de verano, la infanta Cristina de Borbón fue la primera abanderada en Seul 1988 y la judoca Isabel Fernández lo fue en los Juegos de Atenas 2004.

Si hablamos de medallistas, el equipo olímpico femenino español ha recolectado 50 metales, 13 de oro, 18 de plata y 17 de bronce, a la espera de conocer qué ocurre con las dos medallas de Lidia Valentín en Pekín y Londres debido a los casos de dopaje e incluyendo el bronce conseguido por Blanca Fernández Ochoa en los Juegos de invierno de Alberville. La vela es el deporte que más éxitos ha conseguido en los Juegos, con cuatro oros y dos platas habiendo 19 disciplinas olímpicas en las que las deportistas españolas han conseguido preseas.

Blanca Fernández-Ochoa, primera medallista olímpica española en Albertville 92 (Foto: COE).
Las desigualdades en la práctica del deporte y la escasa repercusión mediática

Es cierto que, históricamente, las mujeres han tenido menos relación con el deporte que los varones. Hoy en día, el acceso masivo femenino al deporte es un hecho aunque persisten las desigualdades en el aspecto económico, el apoyo técnico, los refuerzos sociales, la profesionalidad y, especialmente, en su repercusión en los medios de comunicación de masas. En ellos, ya sean de carácter generalista o especializados, los varones son los que acaparan casi la totalidad de las páginas, existe una débil presencia del deporte femenino y, en los pocos casos en que se recoge, no recibe el tratamiento y relevancia que merece, a pesar de suponer grandes logros para el deporte español.

El panorama general de la prensa deportiva es uno de esos entornos en los que se refleja la discriminación que sufre la mujer. Desde los inicios del deporte, las mujeres, en general fueron excluidas y en el mejor de los casos vieron limitada su actividad física por condicionantes sociales y culturales, ya que las actividades físicas se utilizaban para posicionar a los hombres y exhibir sus cualidades físicas y morales. Con el tiempo, las mujeres fueron accediendo a la práctica deportiva de forma desigual pues tan sólo lo lograban mujeres de clase alta y dentro de algunos deportes específicos los cuáles no rompían los estereotipos femeninos. Estos estereotipos sexistas que se aplican a las mujeres (muy visibles en las imágenes que se eligen o los calificativos empleados) impiden a menudo una lectura positiva de su presencia en la prensa.

La vela es el deporte con más medallas olímpicas en el deporte femenino español (Foto: COE).
La necesidad de una cultura femenina del deporte

A pesar de los avances y logros conseguidos, los cambios que se han dado en la práctica deportiva por parte de la mujer no son suficientes con la aplicación de políticas desde organismos e instituciones sino que es necesario que se cambie la idea de la sociedad en la que se identifica a los hombres con el deporte en todas sus facetas. Es posible que esto ocurra porque no existe una cultura femenina del deporte y la idea de que los medios de comunicación no muestren de manera completa ciertos aspectos de la práctica deportiva femenina influye en la opinión del público hasta el punto que las propias niñas no gozan de ejemplos a los que imitar y por consiguiente la participación de las mujeres en el deporte sigue siendo aún baja. Y es que, según el Instituto de la Mujer y el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2016 apenas el 21% de las licencias de deporte federado en España son femeninas, datos inferiores a países de nuestro entorno como Francia (27%) o Italia (38%). Además tan sólo el 6.8% de los presidentes de federaciones con mujeres. El deporte femenino en España va por buen camino, pero todavía queda mucho por hacer.

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