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Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

Parece que solo nos acordamos de la violencia en el fútbol cuando hay muertes como la del aficionado del Deportivo de La Coruña Francisco Javier Romero, “Jimmy”, tras la batalla campal con palos, navajas y barras de acero entre aficionados radicales del Atlético de Madrid y de los Riazor blues. Periódicamente hay un herido grave o un muerto cada varios años y nos volvemos a alarmar. Pero hay episodios violentos, tanto físicos como verbales, todos los fines de semana en casi todos los estadios, el caso ocurrido en las inmediaciones del Vicente Calderón no es aislado aunque si mucho más grave. Y es que además hubo fallos en las unidades de información de la policía ya que el partido ni siquiera había sido declarado de alto riesgo por lo que el dispositivo policial era mucho menor que en otras ocasiones. La batalla entre los aficionados más radicales del Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña es un hecho espantoso, lamentable y vergonzoso que se ha saldado con un muerto, 11 heridos, 21 personas detenidas y unas 90 identificadas.

El fútbol como excusa para la violencia

Y es que, aunque sean una minoría entre los aficionados que acuden a los estadios, algunos utilizan el fútbol como excusa para dar rienda suelta a su extremismo político y a la violencia que llevan dentro. Para ello se citan a través de foros de internet, de redes sociales o incluso vía Whatsapp directamente para pegarse. Muchas de estas “quedadas” pasan desapercibidas para la policía y cuando quieren actuar ya puede ser demasiado tarde. Casi todos los grandes equipos de primera división tienen alguna peña con ultras entre ellos. Y la mayoría de estos aficionados sigue entrando después a los campos sin problema porque en la mayoría de los clubes hay manga ancha para permitirles la entrada. Si bien algunos han hecho los deberes expulsando a sus peñas radicales como el Espanyol, el FC Barcelona o hace poco el Real Madrid, es evidente que demasiados clubes no han actuado adecuadamente para impedir el acceso de violentos y aficionados radicales que manchan el fútbol con episodios de peleas, agresiones, cánticos ofensivos o conductas racistas. Incluso algunos clubes directamente les ofrecen cobertura y privilegios en forma de descuentos en los viajes o acceso privilegiado a los abonos y entradas más baratos.

Casi todos los clubes de primera división tienen ultras entre sus peñas más radicales (Infografía diario Marca).
Casi todos los clubes de primera división tienen ultras entre sus peñas más radicales (Infografía diario Marca).

Desde 1982 han muerto en España 12 personas por la violencia en el fútbol. En 1998 el aficionado de la Real Sociedad Aitor Zabaleta fue asesinado por un ultra radical del Atlético de Madrid tras una agresión con arma blanca. En 2003 el aficionado del Deportivo de La Coruña Manuel Ríos fallecía tras ser golpeado por un ultra de su propio equipo al intentar defender a un aficionado del Compostela que estaba siendo agredido. Son dos de los precedentes del asesinato de Francisco Romero y una prueba de que los violentos siguen estando presentes entre las dos aficiones. Son las consecuencias más extremas y dramáticas de una realidad que ocurre continuamente en mayor o menos grado y que las autoridades, fuerzas de seguridad y clubes tienen que frenar con medidas drásticas como se está intentando hacer o se ha hecho ya en otros países. Aunque los violentos sean una minoría manchan la imagen de todos los buenos aficionados al fútbol. Ir a un estadio con miedo a poder ser agredido o insultado no debe permitirse de ninguna manera.

Los aficionados radicales manchan la imagen de los buenos aficionados al fútbol.
Los aficionados radicales manchan la imagen de los buenos aficionados al fútbol.

La violencia en el fútbol inglés y argentino y las medidas para erradicarla

En Inglaterra han hecho bien el trabajo. Aprendieron de los errores y cortaron el problema de raíz. En los setenta y ochenta el hooliganismo era habitual en los estadios y en las ciudades donde se disputaban tanto los partidos de la liga inglesa como los de la selección nacional. El fenómeno también existía desde incluso antes en Italia donde los aficionados radicales se denominaban ultras. Y también se extendió a Sudamérica donde son conocidos como barras bravas, fanaticadas o torcidas, en el caso de Brasil. Estas aficiones radicales entendían los enfrentamientos de sus equipos también como una batalla entre bandas. Los episodios violentos se convirtieron en habituales y llegaron al extremo en la final de la Copa de Europa de 1985 entre Juventus y Liverpool en Bruselas con un enfrentamiento paralelo entre los hooligans ingleses y los ultras italianos. Aquel 29 de mayo de 1985 murieron 39 aficionados, la mayoría italianos, tras una avalancha provocada por el miedo ante las agresiones de los hooligans. En la tragedia de Heysel hubo además 600 heridos y lo más lamentable es que aquella final se siguió disputando con victoria final del equipo italiano mientras en las gradas aún seguían recogiendo cadáveres. 

Días después catorce aficionados del Liverpool fueron condenados a tres años de prisión por la justicia belga. Pero la tragedia tuvo otras consecuencias ya que los clubes ingleses fueron sancionados cinco años sin poder participar en las competiciones europeas y la FIFA tomó medidas para reducir la violencia en los estadios y aumentar la seguridad como hacer obligatorio que todas las localidades fueran de asiento, las vallas abatibles, que se prohibiera el acceso con bebidas alcohólicas o conminar a los clubes a dejar de colaborar o financiar a los ultras más violentos. En Inglaterra también decidieron entonces tomar medidas tajantes prohibiendo de por vida la entrada a los estadios a los aficionados violentos que la policía identificó así como impidiéndoles viajar para seguir a la selección inglesa. Hoy en día cualquiera que asista a un partido de la Premier League puede comprobar como es totalmente seguro e incluso hay un gran respeto entre las aficiones. Además otros países como Francia, Alemania o incluso Italia también han tomado medidas para evitar enfrentamientos entre las aficiones los días de los partidos no proporcionando entradas a las peñas radicales. 

Argentina también ha vivido numerosos episodios de violencia en los últimos años, mucho más graves y recurrentes que los ocurridos en España. Para acabar con ellos el fútbol argentino ha tomado una medida tajante varias veces pero de forma permanente desde 2013: impedir la entrada de los aficionados del equipo visitante al estadio para evitar posibles peleas y agresiones entre las barras bravas. Además, los servicios de seguridad han puesto en marcha el AFA Plus, nombre por el que se conoce el control de huellas en la entrada a los estadios, una tecnología experimental que se está desarrollando para tener identificados a todos los asistentes a los estadios. También se están mejorando los circuitos de videovigilancia para aumentar la seguridad y que el fútbol pueda volver a ser un acontecimiento familiar.

En Argentina se está intentando controlar la violencia entre las barras bravas.
En Argentina se está intentando reducir la violencia entre las barras bravas con diferentes medidas.

La necesidad de tomar medidas contundente para acabar con la violencia en el fútbol español

En España afortunadamente no hay tanta violencia como en el fútbol argentino pero su presencia también es preocupante y las autoridades, organismos deportivos, fuerzas de seguridad y clubes también tienen que hacer mejor los deberes. Tolerancia cero, identificación y expulsión de por vida de los radicales del fútbol, prohibición de cánticos ofensivos, racistas y vejatorios deben ser algunas de las medidas a tomar. Es la única forma de detener de una vez los episodios violentos para que poder ir a un estadio de fútbol sea seguro y, sobre todo, una ocasión para disfrutar del deporte sin miedo.

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