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Por Luis Alberto Martínez (@Mr_Spaceman17)

Abril es probablemente el mes preferido para los aficionados a las Clásicas del calendario ciclista. Y si hay dos pruebas emblemáticas cada temporada, éstas son el Tour de Flandes y la París-Roubaix. ¿Os atrevéis a hincarle el diente a los adoquines?

La pregunta es tremendamente oportuna, dado lo desapercibidas que pasan en España dichas carreras de un día. Y no sólo por parte del aficionado medio, sino también debido a la poca importancia que le han prestado los directores deportivos a lo largo de la historia de nuestro ciclismo. Salvo la honrosa y meritoria participación de Juan Antonio Flecha y Miguel Poblet, el resto del pelotón español pasó sin pena ni gloria por dichos mitos ciclistas. Craso error, puesto que corredores corpulentos como Miguel Induráin, Txente García-Acosta o José Antonio González Linares podían haber optado al triunfo en las carreras de pavé. Las dos carreras forman parte además de  las cinco pruebas conocidas como “monumentos del ciclismo” junto a la Milán-San Remo, la Lieja-Bastoña-Lieja y el Giro de Lombardía, carreras en las que los ciclistas españoles sí han podido inscribir sus nombres. Óscar Freire lo hizo en San Remo en tres ocasiones, Alejandro Valverde en 2006, 2008 y 2015 en Lieja y Joaquín “Purito” Rodríguez  en Lombardía en 2012 y 2013.

Fabian Cancellara asciende uno de los muros del Tour de Flandes 2013 (Foto: www.cronoramia.com)
Fabian Cancellara asciende uno de los muros del Tour de Flandes 2013 (Foto: www.cronoramia.com)

Los muros de Flandes

El Tour de Flandes cumplió en 2016 cien ediciones. Es una carrera altamente exigente en lo físico y lo táctico. A su largo kilometraje debe sumarse la gran cantidad de subidas (muros), en gran parte adoquinadas, lo que la convierte en una prueba espectacular y emocionante. Ha cambiado en numerosas ocasiones de recorrido, pero siempre quedan en la memoria los muros de Grammont (o Kapelmuur), Paterberg o Bosberg, con rampas adoquinadas del más de 20 %. En dichos muros se suele decidir la resolución de la prueba, con ataques de gran potencia.

Tradicionalmente, la carrera es seguida con verdadera pasión por el público flamenco, ansioso por ver a sus ídolos retorcerse por los muros de adoquín. No en vano, los belgas y, en especial, los flamencos, han copado el mayor número de triunfos en esta prueba. Hasta tres victorias han conseguido tres ilustres flamencos como Eric Leman en los años 70, Johan Museeuw en los 90 o Tom Boonen en el siglo XXI. El suizo Fabian Cancellara también sumó tres victorias si bien en 2016, en su última participación antes de su retirada, tan “sólo” pudo ser segundo tras el majestuoso Peter Sagan. El campeón del mundo este año será de nuevo favorito junto al vencedor de 2015, el noruego Alexander Kristoff y al incombustible Tom Boonen sin olvidarnos de otros clasicómanos como Greg Van Avermaet o Michal Kwiatkowski en una prueba donde los ciclistas españoles raramente brillan. La mejor participación española fue el segundo puesto de Miguel Poblet en 1958 y el tercer puesto de Juan Antonio Flecha en 2008. En 2016 el mejor español fue Imanol Erviti con un meritorio séptimo puesto.

El suizo Fabian Cancellara, pie a tierra en el Tour de Flandes 2009.
El suizo Fabian Cancellara, pie a tierra en el Tour de Flandes 2009.

El pavé del infierno del norte

En cuanto a la París-Roubaix, o “el Infierno del Norte” como suele denominarse, se trata de otra carrera para espíritus indomables. El pavé o el empedrado ocupa una gran parte del kilometraje, lo que la convierte en posiblemente en la clásica de un día más emblemática del calendario. Estos tramos o sectores de pavé, cerca de treinta, se caracterizan por el mal estado del piso y por la dificultad extrema de transitarlo en días de lluvia. Míticas han sido las ediciones con precipitaciones en las que los corredores llegaban a meta con los rostros llenos de barro.

El irlandés Sean kelly venció dos veces en la Paris-Roubaix, probablemente la carrera más dura del calendario ciclista.
El irlandés Sean Kelly venció dos veces en la Paris-Roubaix, probablemente la carrera más dura del calendario ciclista.

La París-Roubaix es pura épica y tradición ciclista desde 1896 y muchos tramos de pavé se conservan únicamente con el fin de su celebración anual. Su recorrido no es apto para ciclistas timoratos. Especialmente significativas son las numerosas caídas y pinchazos que deciden, en gran medida, la resolución de la prueba. En esta carrera son altamente considerables otros factores además de la condición física. De hecho, en muchas ediciones no gana el corredor más fuerte, sino el que ha tenido mayor fortuna a la hora de evitar llantazos, reventones de tubulares o resbalones y tropezones sobre la superficie del adoquinado. Aunque el mítico Hinault se encargó de desmontar este argumento en la célebre edición de 1981. Tras una aparatosa caída, “el Caimán” logró reincorporarse al grupo cabecero y vencer la prueba de una forma magistral.

Como puntos estratégicos y emblemáticos de la París-Roubaix cabe destacar los tramos cinco estrellas de mayor dureza, como los del Bosque de Arenberg o el Carrefour de L’Arbre, o la preciosa llegada en el velódromo de Roubaix, en el que se recorre una vuelta y media antes de la resolución final.  Juan Antonio Flecha ha sido nuestro mejor representante en el pavé de la prueba francesa, llegando a ocupar el segundo puesto en la edición de 2007 o el tercero en 2005. Bravo como pocos, el corredor catalán nacido en Buenos Aires había declarado en más de una ocasión que no no quería retirarse sin lucir en su palmarés la Clásica del norte de Francia aunque finalmente no pudo ver cumplido su sueño.

En el palmarés histórico de la París-Roubaix también sobresalen los belgas, con las cuatro victorias de Tom Boonen y de Roger de Vlaeminck mientras con tres se sitúan los también belgas Gaston Rebry,  Rik Van Looy y Johan Museeuw, el pionero francés Octave Lapize, el italiano Francesco Moser y el suizo Fabian Cancellara, vencedor en Roubaix y en el Tour de Flandes de 2013, un doblete sólo conseguido por Roger de Vlaeminck en 1977 y por Tom Boonen en 2005 y 2012.  En 2016 se produjo una de las grandes sorpresas en la historia de la carrera con la victoria del semi desconocido australiano Matthew Hayman por delante de Tom Boonen. Entre los favoritos mencionados anteriormente para Flandes debería salir el vencedor ya que es extraño que se produzcan grandes sorpresas como la de 2016 en Roubaix por la enorme exigencia de la prueba.

¿Os hemos convencido de la espectacularidad de las pruebas de pavé? ¿Necesitáis más argumentos para disfrutar con la dureza de los muros de Flandes o los tramos cinco estrellas de la París-Roubaix? Sintonizad vuestros televisores los dos próximos domingos y comprobadlo vosotros mismos. La cita con Flandes es el domingo 2 de abril y el día 19 se disputará la París-Roubaix y este año se podrán ver en España en Teledeporte y  Eurosport. Mientras, desde Latinoamérica podéis verlas por internet en televisiones extranjeras a través de los enlaces que proporciona la página web steephill.tv. Y rezad para que llueva en abundancia, para que así podáis ver los rostros embarrados de los corredores porque un poco de épica nunca viene mal, ¿verdad?

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