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Por LUIS MURILLO ARIAS

Una carrera como como la ronda francesa, que se está disputando en estos momentos, no podía haber dejado sino millones de regueros de tinta. La magia del ciclismo nace siempre de ese misterio que existe más allá de la frontera del sufrimiento. No gana el Tour de Francia el más atlético, ni el que más entrena. Ni siquiera muchas veces el que más se dopa, ahora que, un año después, todavía estamos recuperándonos del Caso Armstrong, la Operación Puerto y los casos de dopaje que salen de debajo de las piedras. Sí, ayudan, pero lo más importante es el factor moral. El que llegue con el maillot amarillo a los Campos Elíseos de París ha de ser el que mejor sabe sufrir, el que tiene el umbral de la agonía más alto, el que está mejor preparado psicológicamente para resistir. Ése es el principal mensaje que se extrae de la lectura de ‘Plomo en los bolsillos’, el libro reeditado por Libros del KO y escrito por Ander Izagirre, que narra la historia de la gran carrera francesa, la de los grandes duelos de los nombres míticos y la de los pequeños, los que pasaron a la historia por otros motivos ajenos a la victoria, pero no por ello menos héroes. Porque hace falta ser un héroe para subir esas montañas, ya sea llegando a sus cimas en primera posición o atravesando la línea en último lugar.

El libro es muy propicio para una lectura en estos meses de verano antes y después de las retransmisiones televisivas de la ronda francesa, puesto que tenemos reciente que el ciclismo moderno, el de 15 años para acá, es una farsa. Así podréis comparar el antes y el ahora. O, diría más, es un libro perfecto para visualizar ciclismo de verdad, en vez de escuchar a Pedro Delgado, si le dejan, y Carlos de Andrés comentar lo que supuestamente es el Tour de Francia. Sí, exagerando un poco, podría ser un canto de odio eterno al ciclismo moderno. Para visualizar el sabor de lo de antes, para analizar el momento actual del dopaje después de los últimos acontecimientos y para vislumbrar el futuro de este deporte hemos intercambiado unas palabras con Ander Izagirre, el autor del libro.

Ander Izagirre, el autor del libro y protagonista de esta entrevista.

El dopaje no es nuevo en el ciclismo. Cuéntanos cómo era al principio y a partir de qué momento se empezaron a hacer controles antidoping.

Creo que no hay que olvidar que desde el principio hubo sustancias para mejorar en todos los deportes. Desde que ganar trae consigo éxito, poder y dinero existe la trampa. Lo que pasa es que ‘dopaje’ es un término legal. Es decir, al principio no se consideraba trampa. En 1967, cuando el ciclista Tom Simpson muere en Mont Ventoux, se decidió que se tenía que empezar a controlar ese tipo de sustancias extras que los ciclistas se tomaban. Simpson muere, no sólo por el esfuerzo y el calor, sino también porque iba puesto hasta arriba de anfetaminas. Hasta entonces no estaba prohibido, pero a partir de ahí se instauró un reglamento. Pero el dopaje no dejó de existir, sino que lo hubo antes y se ha mantenido de una u otra manera hasta nuestros días, como todos sabemos. Cuando hay una competición, existe la trampa. Lo que se debe hacer es controlarlo en la medida de lo posible.

¿Y cuándo se corrían etapas de quince horas al principio del Tour como cuentas en tu libro?

Eso fue muy al principio. Y cada uno tenía sus propios mecanismos para aumentar el rendimiento. Desde cafés a otro tipo de sustancias. Luego, la medicina fue evolucionando y esos avances se fueron reflejando en el suministro de sustancias a los ciclistas. Ellos mismo contaban públicamente lo que se tomaban. Como no estaba prohibido no tenían por qué esconderlo.

¿Cómo ves la situación actual? ¿Crees que debemos creer en el ciclismo?

La situación la veo como todos. Cada cierto tiempo desde hace quince años se ha sucedido un escándalo. Desde el caso Festina hasta la reciente confesión de Armstrong o lo que está pasando con Rabobank. Y cada vez que se daba uno de esos escándalos se decía que se iba a limpiar el ciclismo. Y aquí seguimos. Yo la verdad es que veo la situación muy negra. No soy muy optimista de cara al futuro.

¿Te sorprendería un nuevo caso de dopaje?

Yo creo que no le sorprende a casi nadie. Es más, diría que hemos perdido la capacidad de sorpresa porque la percepción es que el dopaje sistemático está generalizado. Lo sorprendente ya sería lo contrario, que nadie se dopara. Lo de Armstrong no fue inesperado, todo el mundo se lo imaginaba.

Cuando fuiste ciclista, ¿llegaste a ver de cerca el dopaje? Es decir, ¿supiste de otros ciclistas cercanos que se doparan?

Corrí un año como aficionado. Era algo muy sencillo de deporte juvenil. Allí nadie decía nada acerca de eso, vamos que yo ni olí ese tema. Supongo que éramos muy jóvenes, 19 o 20 años. En cualquier caso, si alguien hubiese querido pagarme el dopaje a mí habría sido una pérdida de dinero porque yo no hubiera llegado a nada. Algunos que luego llegaron a más empezaron a decir que se oían casos, pero nada concreto.

Uno de los episodios más interesantes de tu libro es en el que cuentas lo que hizo Bartali durante la Segunda Guerra Mundial…

Sí, Bartali era un ciclista muy reconocido en Italia y eso le daba inmunidad para hacer lo que hizo. Participó en una red de salvamento de judíos que había organizado la Iglesia Católica. Él hacía de enlace y sólo se dedicaba a transportar documentos. Cuando salía a entrenar, escondía los papeles en el manillar y en el sillín. Nadie iba a detenerle porque era Bartali, un orgullo nacional. Al final de la guerra, esa organización y Bartali salvaron de la muerte a 800 judíos.

¿Odias el ciclismo moderno? ¿Te quedas con el antiguo?

No me gusta esa idea como generalización. Es verdad que el ciclismo de hace tanto tiempo nos parece exótico porque no lo hemos vivido. Es verdad que tiene un aire épico que es muy novelesco, un trasfondo histórico que nos atrae, pero creo que cada época tiene sus momentos atractivos, como lo tiene ésta y como lo tendrán las venideras.

Es una historia con todos los componentes de una novela épica.

Y ahora suponemos que tendréis ganas de leer ‘Plomo en los bolsillos. Su estilo literario, muy lejos de la forma poco elevada del periodismo deportivo moderno, pero de lectura ágil, hace que te lo leas en un santiamén, casi como si fuera una tragedia épica. Tiene todos los ingredientes de una gran historia: protagonistas, antagonistas, amistad, odio, épica… Un libro que no sólo gustará a los amantes del ciclismo, sino a los que agradan las buenas historias. E incluso cuenta anécdotas más allá del deporte en sí, como el secreto que mantuvo Bartali durante 50 años.

El trazado de este Tour de Francia invita al optimismo. Ahora sólo falta que los corredores monten el espectáculo, que es lo que todos estamos deseando.

Si queréis adquirir el libro en su versión para kindle o ebook:

– Hipsters del Tour

– Guía para el turismo deportivo en Francia

– Nuevas iniciativas para fomentar el ciclismo urbano

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