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Por LUIS MURILLO ARIAS (@lmurilloarias)

Siete y diez. Diez y siete. Números bíblicos. Números, junto al nueve, míticos del fútbol. Dorsales que portan los dos mejores futbolistas del momento. Para algunos, quizá, los mejores de las historia. Sin duda pasarán a formar parte de los grandes mitos del deporte. Cristiano Ronaldo siempre ha llevado el siete a la espalda, exceptuado su primera temporada en el Real Madrid en la que, por galones en aquel momento, lo portaba otro de los grandes, Raúl González Blanco. Tuvo que conformarse con el nueve que no es poco conformar. Por lo demás, siempre el siete, tanto en el Manchester United como en el Real Madrid y la selección portuguesa. Es el futbolista completo, rápido como un velocista olímpico (de hecho, es amigo del más rápido, Usain Bolt), excelente lanzador de faltas, prácticamente infalible en los penaltis, supremo cabeceador, habilidoso en el regate y, sobre todo, generosísimo en la entrega y la potencia. Cuando Cristiano toma la pelota en carrera en el flanco izquierdo del ataque, el estadio enmudece si es el del rival o emerge el murmullo si es el Bernabéu.

¿Los dos mejores jugadores de la historia?

Lo mismo sucede con el diez, Leo Messi. El número perfecto para el futbolista perfecto. Su bajo nivel de gravedad, su cambio de ritmo y rapidez de zancada pese a su escasa estatura le convierten en un futbolista temible en cualquier área del campo. Y eso es porque el argentino es el futbolista total, puede jugar de falso nueve, de extremo, de media punta y hasta de medio centro. Su visión de juego a base de disputar partidos al lado de Xavi le convierten en uno de los mejores centrocampistas del planeta. Efectividad de cara al gol, esplendoroso regate, gran disparo, sobre todo con la izquierda, desborde prácticamente imparable…Protagoniza, junto al siete cristiano, el mayor duelo individual de la historia del fútbol. Una lucha manifiesta cada jornada, por cada balón de oro y en cada Clásico.

Son el siete y el diez respectivamente, dorsales de grandes jugadores de la historia. Imaginemos, por un momento, que Messi y Cristiano se enfrentan en un partido de futbito y que los organizadores del mismo confieren a cada uno la capacidad de elegir a cinco jugadores de la historia que llevaran su mismo número a la espalda. Nos hemos permitido la libertad, el lujo y el placer de elegirlos nosotros.

El equipo de los sietes

En el Real Madrid el siete es un número si cabe más mítico que en otros equipos. Lo han portado jugadores de la talla de Gento, Amancio, Juanito o Butragueño. Pero el mejor de todos fue el jugador a quien sustituyó Cristiano, Raúl González Blanco, todavía en activo jugando en el Cosmos neoyorquino. Su mayor cualidad es saber leer los partidos como si de un libro abierto se tratará. Su excepcional olfato de gol, su oportunismo, su colocación en el campo, su capacidad para liderar un equipo. La habilidad técnica de Raúl no era tan excelsa como la de otros futbolistas de su nivel, pero lo suplía siendo un futbolista completísimo, asistente, organizador y rematador. Hasta hace poco ha sido el máximo goleador de la historia de la Champions League, honor que recientemente le arrebataron precisamente Cristiano y Messi. Tres Champions League, seis ligas, una Copa alemana, varias supercopas. En su debe tiene no haber conseguido un título con la selección española, algo que ésta logró una vez él salió del grupo. Señor fuera y dentro de los terrenos de juego, nunca perdió la compostura. La historia no le concedió un Balón de Oro que sí mereció.

Raúl siempre reivindicó su dorsal siete.

A Raúl hemos de añadir a alguien que sí consiguió el Balón de Oro y que fue compañero del madrileño, el portugués Luis Figo. Curiosamente, en el Real Madrid tampoco portó el siete, aunque sí lo hizo en el Sporting de Portugal, el Barcelona y la selección portuguesa. Destacó por su golpeo de balón, su precisión a la hora de poner centros desde la banda y su desborde. Extremo diestro, tenía más técnica que potencia o velocidad. En sus últimos años en el Inter, con el que logró cuatro títulos, jugó más centrado, destacando asimismo como un gran distribuidor. Para la historia quedará como el primer ‘galáctico’ de la era Florentino y el puente aéreo más polémico desde el fichaje de Di Stefano por el Madrid.

Retrocediendo en el tiempo elegimos a dos brasileños que ganaron títulos mundiales con la Canarinha, Jairzinho y Garrincha. El primero anotó 9 goles en 16 partidos en Copas del Mundo (1966, 1970, 1974). Formó parte del que para muchos es el mejor equipo de todos los tiempos, la selección de Brasil de México 7o. Fue fiel a su club de toda la vida, el Botafogo, por lo que los dirigentes colocaron una estatua suya a la entrada del estadio. Garrincha, por su parte, la mejor finta de la historia, era apodado La alegría del pueblo. Su juego ofrecía un despliegue total de regates y amagos. Dicen que parte de su secreto era que tenía una pierna varios centímetros más corta que la otra y que éste era el motivo por el que descolocaba a sus contrarios con una facilidad pasmosa. Jugó junto a Pelé los mundiales de 1958 y 1962 y su desparpajo fuera del campo lo condujo a derroteros bañados en alcohol, lo que le llevó a morir prematuramente en 1983.

Prácticamente algo parecido le ocurrió al jugador con el que completamos el quinteto de los sietes de Cristiano, el genial George Best. Noctámbulo, bebedor, follamisses, loco, su afición por lo extradeportivo lo llevó retirarse a la edad de 27 años, mítica y maldita para los rockeros, lo que constituyó su muerte deportiva. El quinto Beatle no pudo hacer nada por su selección irlandesa, pero llevó al Manchester United a conseguir varios títulos, entre ellos una Copa de Europa. Hábil extremo por ambas bandas, driblador excelso, no fue capaz de hacerle una finta al alcoholismo, lo que llevó a la ruina, no sólo deportiva, sino también personal.

Genial dentro del campo y excesivo fuera, George Best es uno de los grandes sietes históricos.
Genial dentro del campo y excesivo fuera, George Best es uno de los grandes sietes históricos.

El equipo de los dieces

Hasta la llegada de Messi y Cristiano, la gran disputa por el cetro histórico estaba entre O Rei Pelé y el Pelusa Maradona. Edson Orantes do Nascimento era veloz, extraordinario en la gambeta, jugaba para el equipo, hacia excelentes pases al vacío y marcaba goles de pintura. Sabia aprovechar la corpulencia de su físico para sacar ventaja en el enfrentamiento con las defensas contrarias. Jugó prácticamente toda su carrera en el Santos brasileño, aunque en su última etapa, sin dejar el continente, formó parte del Cosmos estadounidense. Con la Canarinha ganó los mundiales de Suecia 1958, Chile 1962 y México 1970.

Maradona y Pelé han protagonizado encuentros y desencuentros.
Maradona y Pelé han protagonizado encuentros y desencuentros.

El jugador con el que toda la vida ha tenido una rivalidad personal, pese a no coincidir en el tiempo como profesionales, es Diego Armando Maradona, un dios para muchos en su país natal Argentina. Rápido, gambeteador, excelente lanzador de faltas, líder, él solo llevó a la Argentina del 86 al título mundial y al Nápoles de los 80 a dos scudettos. Es el autor del que para muchos es el mejor gol de la historia, el 2-0 frente a Inglaterra en el Mundial de México de 1986, regateando a medio equipo inglés, incluido el portero. Tanto desparpajo tuvo Maradona dentro del campo como excesos fuera de él. Sus coqueteos con las drogas, su tendencia a meter la pata en las entrevistas y su extraordinario ego le ocasionaron no pocos problemas familiares, de salud y con la justicia. Se significó políticamente manifestado su amor por la revolución cubana.

Más comedidos en lo extradeportivo, tanto como elegantes dentro del campo fueron dos futbolistas que vistieron la camiseta del Real Madrid. El danés Michael Laudrup, que en el Barcelona jugaba con el nueve a la espalda, adoptó el diez en el Real Madrid, el mismo dorsal que en la selección danesa a la que en el Mundial de su retirada, el de Francia 1998, llevó a los cuartos de final haciendo una gran actuación. Destacó por su famoso regate de la croqueta y con su maravilloso pase mirando para otro lado. Ahora, ya como entrenador, siempre suena como futurible para el banquillo del Real Madrid. Tan elegante como Laudrup fue el francés Zinedine Zidane. En el Real Madrid portó el dorsal cinco y en la Juve el 21, pero para todos siempre será el Diez de Francia en los mundiales de 1998 y 2006, vencedor en el primero y finalista en el segundo. Para el recuerdo quedaron sus ruletas, su técnica, su visión de juego y su pase interior. Al igual que Laudrup, hoy también es entrenador y actualmente hace méritos en el Castilla para algún día entrenar al primer equipo.

Con Francia Zinedine Zidane fue campeón y subcampeón del mundo.
Con Francia Zinedine Zidane fue campeón y subcampeón del mundo.

Por último, para completar el quintento de dieces de Messi, no queremos olvidarnos del italiano eterno, Roberto Baggio. Apodado Il Codino o Il Divino, llegó a ser Balón de Oro y, aunque no ganó el título mundial con Italia, sí consiguió un tercer puesto en 1990 y fue finalista en 1994, fallando uno de los penaltis decisivos. De hecho, él fue el artífice de que España cayera en los cuartos de final de aquel Mundial de Estados Unidos frente a la Azzurra. Un jugador con una técnica sin parangón, olfato de gol y una capacidad de sacrificio enorme para suplir su falta de corpulencia. Tenía el juego de Cruyff y el carácter de jugadores como Eric Cantoná. Tuvo que luchar toda su carrera contra la tendencia a lesionarse de su rodilla derecha. Jugó en varios equipos del Calcio: Fiorentina, Juventus, Milan, Bolonia, Inter y Brescia, resucitando en varios ocasiones cuando la prensa lo daba por muerto.

Volvamos a nuestro partido de futbito entre los los sietes de Cristiano y los dieces de Messi. ¿Quién creéis que ganaría? ¿Echáis en falta a alguien? ¿Os sobra alguno? ¿Sois de la opinión de que Messi y Cristiano son los dos mejores futbolistas de la historia o alguno de éstos les supera?

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